Una Planta de Tratamiento de Efluentes Líquidos tiene la finalidad de eliminar diferentes contaminantes presentes en el mismo, mediante la aplicación de una serie de procesos fisicoquímicos y biológicos diseñados de forma específica.
El funcionamiento de una planta de tratamiento puede ser complejo, por lo que se suele dividir a los procesos en cinco grandes grupos:

  • Pretratamiento: para eliminar residuos de mayor tamaño y adecuando el líquido para ser depurado correctamente.
  • Tratamiento primario: para remover sólidos pequeños, grasas y otros compuestos específicos, además de ecualizar el caudal.
  • Tratamiento secundario: proceso central de tratamiento donde se elimina la mayor parte de la carga orgánica y contaminante.
  • Tratamiento terciario, en el cual profundizaremos en este artículo.
  • Tratamiento de lodos: para darle una correcta gestión y disposición final a los residuos sólidos generados en la planta.

Luego del pretratamiento, el tratamiento primario y el tratamiento secundario, el líquido ya se encuentra prácticamente depurado y listo para ser vertido de vuelta al ambiente natural. Sin embargo, en casi todos los casos, y en particular cuando se trata de un líquido cloacal, el líquido clarificado suele tener una concentración considerable de bacterias, virus y otros microorganismos, que pueden ser patogénicos y perjudiciales para el entorno y las personas. Esto es cierto, en particular, para microorganismos que no han logrado formar flocs y ser separados en el tratamiento secundario (habitualmente un sedimentador secundario).

Por este motivo, es necesaria una etapa de desinfección del efluente, es decir, eliminación de cualquier microorganismo que no haya podido ser removido en etapas previas.

Micrografía electrónica de Escherichia coli, bacteria indicadora de contaminación fecal.

El método más habitual para desinfectar efluentes en nuestro país es la incorporación de cloro activo, generalmente en forma de hipoclorito de sodio, debido a que es un oxidante fuerte y económico. Típicamente se dosifica al inicio de un laberinto de cloración, que es una cámara con paredes que permiten una íntima mezcla entre el efluente y el mencionado producto químico, para que actúe sobre las células y las destruya. 

Existen métodos típicos para dimensionar este tipo de instalaciones y determinar la cantidad de cloro requerido para desinfectar el efluente. Para una planta típica de barros activados, se suele utilizar una concentración de 5 gramos de cloro activo por m3 de efluente, con un tiempo de retención de entre 15 y 30 minutos. 

Laberinto de cloración en una gran planta de tratamiento.

A pesar de ser el método más habitual, existen riesgos en el uso del cloro. En primer lugar, en plantas muy grandes, suele utilizarse en forma gaseosa, que resulta altamente tóxico para las personas y requiere de muy altos estándares de seguridad. En segundo lugar, es tóxico para una gran variedad de organismos acuáticos, por lo que su concentración debe regularse de forma apropiada y, en algunos casos, la legislación exige una decloración previo al vertido del líquido, por ejemplo, mediante metabisulfito de sodio. Por último, al ponerse en contacto con materia orgánica, el cloro puede formar trihalometanos (como el cloroformo), que son compuestos cancerígenos. Es por esto que su uso debe realizarse bajo condiciones adecuadas
Dados los riesgos existentes, han surgido alternativas empleadas en todo el mundo para desinfectar los efluentes (y el agua potable) de forma más segura. Algunos de estos sistemas incluyen la desinfección por luz UV u ozono, aunque todavía no se encuentran altamente aplicadas en nuestro país.

Lámparas de desinfección ultravioleta.

En la gran mayoría de los casos, la desinfección es el último proceso previo a su descarga a un curso de agua, conducto pluvial u otro cuerpo receptor. Sin embargo, en plantas de grandes dimensiones o sistemas de depuración industriales, puede incorporarse alguna etapa más para remover ciertas sustancias o como pulido final previo a su vertido. Algunos de estos incluyen ciertos procesos de remoción de fósforo o nitrógeno, la aplicación de filtros de arena o sistemas de lagunas de contingencia que evitan el vertido de efluentes fuera de especificación. 
En Bioingepro diseñamos, fabricamos y operamos plantas de tratamiento de efluentes con todos sus componentes, que permiten la adecuación a todos los parámetros exigidos por la normativa, adaptándose a cada situación. En caso de tener consultas o requerir una cotización, no duden en contactarse con nosotros.

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Guido Bertola es ingeniero ambiental, graduado de la Universidad Nacional del Litoral, de Santa Fe. Desde hace años forma parte de Bioingepro, trabajando en el departamento técnico-comercial, contribuyendo al diseño de soluciones a medida para cada cliente. Su pasatiempo favorito es la fotografía

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