En términos generales, un lodo, fango o barro es un material semilíquido compuesto por agua y sólidos finos. En el contexto de una planta depuradora o una planta potabilizadora, se trata de un subproducto del proceso de tratamiento, el cual debe ser gestionado correctamente para prevenir que contamine el ambiente y para minimizar los gastos de transporte y disposición final.

Dependiendo de su origen, existen diferentes tipos de lodos; los principales tipos se describen brevemente a continuación:

  • Lodos primarios: El principal objetivo del tratamiento primario de efluentes líquidos es la remoción de sólidos suspendidos que provienen de forma natural con el agua residual. Típicamente, esto puede realizarse mediante un proceso de sedimentación o de flotación. De esta manera, los lodos primarios consisten en partículas sólidas, básicamente de naturaleza orgánica. Cabe recordar que un tratamiento primario puede remover entre un 30% y un 50% de la DBO del afluente en forma de DBO insoluble. En una planta típica con sedimentación primaria y un tratamiento secundario convencional con barros activados, el peso seco del lodo primario suele ser un 50% del lodo total. La concentración de sólidos en el barro primario crudo suele variar entre un 2 y un 7%. Este tipo de lodo puede deshidratarse de manera relativamente fácil ya que está compuesto por partículas discretas que producen una torta más seca y con mayor captura de sólidos. Sin embargo, es altamente putrescible, tornándose gris oscuro o negro y generando olores indeseados si se almacena sin un tratamiento adecuado. En plantas pequeñas, los barros primarios no suelen separarse, sino que se tratan directamente junto a los líquidos ingresantes.
  • Lodos secundarios: Como ya hemos desarrollado, el tratamiento secundario  consiste en la degradación de la materia orgánica mediante un proceso biológico, que involucra el crecimiento y desarrollo de microorganismos que utilizan los contaminantes como alimento. Al hacer esto, los microorganismos se reproducen y aumentan su cantidad y peso, formando un lodo que luego es separado del líquido clarificado (generalmente mediante un sedimentador secundario o membranas MBR. De esta manera, los lodos secundarios contienen principalmente partículas biológicas formadas por las bacterias que consumen los compuestos orgánicos solubles e insolubles. Además, contiene una porción de sólidos que no fueron removidos en su totalidad por el tratamiento primario. El contenido de sólidos suele ser de entre un 0,5% y un 4% y son relativamente inodoros cuando están frescos.
  • Lodos químicos: En los tratamientos de efluentes líquidos provenientes de industrias, es usual emplear sustancias químicas para precipitar y eliminar sustancias de difícil remoción, y en algunos casos, para mejorar la remoción de los sólidos suspendidos. En todas estas instancias se forman barros químicos, a veces también llamados lodos terciarios. Un ejemplo típico es la remoción de fósforo utilizando coagulantes de distinto tipo, como policloruro de aluminio, cloruro férrico o cal. Algunas plantas de tratamiento también añaden compuestos en el tratamiento biológico, por lo que los barros químicos se mezclan con los secundarios. En el caso de las plantas potabilizadoras, es habitual encontrar barros químicos provenientes de los procesos de coagulación, floculación y sedimentación.

Digestor de lodos en una planta de tratamiento de efluentes

Todos estos lodos suelen ser susceptibles de ser tratados de alguna forma. Este tratamiento cumple dos funciones principales:

  • Estabilizar los lodos, es decir, reducir su potencial patógeno y su riesgo de putrefacción.
  • Minimizar su volumen, mediante distintos sistemas de deshidratación, lo que permite un transporte y disposición final más sencillos y económicos.

Si bien los parámetros de control luego del tratamiento de lodos son muy disímiles en las distintas jurisdicciones de nuestro país, se puede decir que, en general, los principales indicadores a tener en cuenta son los siguientes:

  • Porcentaje de humedad;
  • Nivel de estabilización;
  • pH y otros parámetros fisicoquímicos;
  • Contenido de sustancias tóxicas (como metales y pesticidas);
  • Contenido de microorganismos.

Siempre es aconsejable consultar la normativa vigente con la autoridad local de aplicación. En términos prácticos, lo que se suele buscar es contar con un barro que no sea peligroso y que pueda manejarse de forma sencilla. Al deshidratarlo (por ejemplo, pasando de un 0,5 – 4% de sólidos y una consistencia líquida a un 20 – 30% de sólidos y una apariencia arcillosa), su volumen disminuye drásticamente y su almacenamiento, transporte y disposición final se hacen menos costosos.

Lodo biológico antes y después de un proceso de deshidratación

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